Posteado por: cadal | 20 marzo, 2008

Qué vergüenza

Qué vergüenza

Ahí viene el Terubio, viejo. Termínelo. Se burla de Ud. y todos se burlan de mí. Que a mi viejo lo jubilan, con lotecito en el cementerio, flores gratis. Córtele la corriente, o lo hago yo.

— Mocoso e’mierda, qué se cree, sacarme la clientela. Haga lo que le digo, vaya, búsquemelo al Néstor y dígale que el Terubio está llegando, que venga rápido, que ya sabe por qué..

— Pero, viejo… ¿Por qué él? Si mi hermano sólo me lleva dos años y en visteo lo supero. Si no lo enfrenta Ud., el Terubio es mío. ¿eh?. No sea morfón, viejo, si es verdad que Ud. anda cachuzo, reparta la herencia y de paso nos dura un poco más. Porque el Terubio no será un rayo pero algo de cuchillero tiene, si Ud. le enseñó.

— ¡Haga lo que le digo, mocoso de recontramierda! ¡Apúrese!

 — ¡Ufa, ya voy!¿Qué le pasa, viejo? Ni que se estuviera achicando –El Tito se va, pero unos segundos después el padre lo ve escondido tras  del mostrador, espiando.

 

¡Qué castigo, estos hijos! No me respetan como padre ni como guapo. Culpa de la Eleuteria. “Usted es el padre –creame- y tiene que dar el ejemplo. Pero no, se me viene, borracho, sucio de sangre, barro y vino, tira todo por ahí y ya nomás está roncando. Y siempre lo mismo, Usted a las cuchilladas afuera y yo a los escobazos adentro. Después me anda preguntando dónde están sus cosas…”

— ¿Distraído, Don?¿O ya está pensando en la mudanza? El terrenito ya está reservado lejos de la capilla para que no lo molesten los rezos. Y esta baldosa –me dijo el Terubio señalando la que yo estaba pisando- va a tener sus iniciales y un RIP que no sé para qué pero se estila.    

Y se me planta adelante, cuchillo en mano. Yo ni me muevo. Para dónde, digo. ¿Y el Tito? Este mocoso de la reputa dónde estará. Seguro que fue la Eleuteria. No, si yo digo…

— ¿Y, Don?¿Se está mojando los pantalones? No se preocupe, a cualquier cobarde le pasa-. Este jueputa del Terubio no sabe qué pasa pero aprovecha.

La gente está comenzando a reírse. ¿Y yo, qué puedo hacer, decir la verdad y pasar vergüenza? Ahora también la estoy pasando, pero con dignidad, cuando se enteren ya voy a ser fiambre, pero me van a devolver el respeto. Murió en su ley, sin largar prenda y sin faltar a las normas del malevaje. Me quedo quieto como prócer. Nadie entiende un carajo.

— Hace bien, Don. Se humilla pero salva la vida. Aunque no sé dónde va a poder vivirla, en qué madriguera. Pero –comprenderá- voy a tener que marcarlo, para que no se le borre la agachada-. El jueputa se me acerca, cuchillo en mano. ¡Eso no! Moriré en pelotas, pero sin marcas, que mi cabeza, salvo por el florero de la Eleuteria el día que me agarró con la Pancrasia,  está virgen. El jueputa se acerca. Es el final  

— ¡No!¡Viejo! Los mocosos de recontramierda se acercan corriendo. El Terubio suspende la ejecución. Nadie entiende un recontracarajo. El Néstor se me hecha encima llorando.

– ¡Perdóneme, viejo! Qué quiere, la vieja, anoche, estaba cabrera. Ya estoy

repodrida, gritaba, llévense todas las porquerías de su padre, quémenlas, tírenlas, lo que quieran.  Y aproveché, viejo, toda la noche haciendo ostentación, las minas regaladas,  parecía un guapo de verdad. Después, yo que sé, me dormí en cualquier lado. Me despertó el Tito recién, no sabe lo que nos costó encontrar sus cosas. Pero acá le traigo todo, creo. Por suerte llegué a tiempo, ya estaba por comprarle unas flores.

El mocoso de recontramierda me entrega mi cuchillo. Medio sucio pero nunca se hizo el fino. . El duelo  con el jueputa fue corto y previsible. Andaré viejo pero sigo zorro.

—Cambien la dedicatoria de esta baldosa –les dije a todos, jueputas mudos. Y perdonen la demora, pero un guapo de ley no pelea de prestado. Y decir que perdí mi cuchillo, prefiero morir.

En  eso una tromba incontenible ingresa al boliche, tirando gente para acá y para a allá. Al verme, la Eleuteria detiene su carrera y se tira sobre una silla resoplando.

Que lo parió, dice, mientras pone sobre la mesa su temible cuchillo de cocina y otros menesteres, para qué me hizo correr. No, si yerba mala….

 

 

© Carlos Adalberto Fernández

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