Posteado por: cadal | 06 abril, 2008

Buscándose

Buscándose

— Con permiso… ¿vieron pasar a alguien de mediana edad, delgado, medio pelado y con un talero? —el hombre, de avanzada edad, pelado y flaco, se detuvo en la esquina, frente al grupo de vagos del barrio—. Se llama Vicente, y es un buen tipo, pero temo que haga una locura.

—¿Y Ud. quíén es y por qué lo busca? —Tenían ganas de burlarse del viejo, para entretener su ocio— ¿Qué es un talero?

—Oh, perdonen la falta de respeto. Me llamo Vicente y vivo a unas cinco cuadras. Los dos, Vicente y yo, Vicente, somos del campo. Allí el cuchillo es para la faena; para el caballo y los entuertos se usa el talero, como un látigo corto con mango de madera. No mata pero marca para siempre. Y Vicente anda con ganas de marcar.

El que parecía líder del grupo se acercó al viejo, señalándolo con un cuchillo.

—Ud., viejo, ¿es boludo? ¿Se llama Vicente y busca a Vicente?¿Cree que mi cuchillo vale menos que un talero de campo?¿Quiere ver cómo yo marco, viejo idiota?

—Me doy cuenta, Sr. Facha —¿Así lo llaman, no, el Facha?— que le puede costar entender, más aún cuando, lo reconozco, soy bastante inepto, boludo e idiota, como Ud. dice. Pero si lo busco a Vicente es porque yo no soy Vicente. Es decir, soy Vicente, pero no él, el que busco, el del talero.

—Pero, viejo pelotudo —exclamó el Facha arrastrando al viejo ante una vidriera ¿Vos no sos Vicente?—. Y este otro pelotudo —dijo ahora zamarreando al viejo ¿No es Vicente? —La barra se reía.

—No se ofenda, don Facha —dijo el viejo sonriendo a pesar del maltrato—, pero cualquiera sabe que ese no soy yo sino mi imagen. Sudando en el campo hay más ganas de conocimiento que holgazaneando en una vereda, si no sabría que –sin considerar los fenómenos cuánticos- algo no puede estar simultáneamente en un lado y en otro. Si yo busco a Vicente, es evidente que él no es yo. Además él lleva un talero, yo no. Él es valiente, busca cobrar una deuda; yo soy el mismo cobarde de siempre que no defiende su dignidad y la de su mujer, aunque se porte como una loca. Y debería defenderla, al menos ahora, porque lo que hizo la Rosa….<!–
D([“mb”,”\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—Viejo… —la mujer se había\nacercado lenta e imperceptiblemente.\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—¡Rosa! –exclamó el Facha.\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—¡La vieja, rajemos! —gritaron los\nde la barra y desaparecieron en un santiamén.\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e \u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—¡Rosa! –exclamó Vicente— ¿Es este\nel hombre? —continuó señalando al Facha. —¿Por… esto, perdiste la vergüenza?\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—¡No era yo, viejito, me pasaba\ncomo a vos ahora!¡Era otra Rosa, la calentona, que a vos tanto te gustaba, hace\nya… ¡ Pero, ahora, una jovata ridícula rogando por ser joven aunque fuera un\ninstante y con este maniquí!\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e¡Ya pasó, viejo, volvamos a la\ncripta, digo, a casa\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—¡Viejos estúpidos! —gritó el\nFacha—-. ¿Creen que por esto jugaría mi prestigio? ¿Por esta momia? ¡Se regaló,\nviejo, se rifó! No seguí por temor a que se le desarmara la osamenta, pero no\nera necesario, pagó lo que le pedí y me fui, viejo, me fui, hay que tener\nhígado.\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003eEl primer talerazo le dejó latiendo\nun ojo. Los siguientes lo hicieron aullar. La barra había desaparecido.\u003cspan\u003e         \u003c/span\u003e\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—Dejalo, Vicente —la mujer se\nacercó a su esposo—-. Él no tiene la culpa de mis estupideces. Vamos a casa. Te\ndejo todo ordenado, comida para unos días, ropa limpia. Ya preparé mi valijita,\nimagino que no me aguantarás ni un momento.\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e—¡Dejalo un carajo! Si no es por\nvos la paliza, es por mí ¿Ves en la vidriera, me ves con el talero? Soy yo,\nVicente, defendiendo su honor y el de la vieja loca que le tocó en suerte o\ndesgracia, el otro, el Vicente cobardón, ahogado en autocompasión desapareció.\n¡Dejame, unos talerazos más! Después vamos a casa y desarmás la valijita y\ncalentás la comida y comemos y me vigilás porque yo también estaba por hacer\nuna locura con la puta de la otra cuadra, con qué decime con qué, que si\nseguimos así nos vamos a quedar sin ahorros, viejos chotos, vamos a ver la tele\nque hoy dan una con Isabel Sarli y otra con Valentino para vos.”,1]
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—Viejo… —la mujer se había acercado lenta e imperceptiblemente.

—¡Rosa! –exclamó el Facha.

—¡La vieja, rajemos! —gritaron los de la barra y desaparecieron en un santiamén.

—¡Rosa! –exclamó Vicente— ¿Es este el hombre? —continuó señalando al Facha. —¿Por… esto, perdiste la vergüenza?

—¡No era yo, viejito, me pasaba como a vos ahora!¡Era otra Rosa, la calentona, que a vos tanto te gustaba, hace ya… ¡ Pero, ahora, una jovata ridícula rogando por ser joven aunque fuera un instante y con este maniquí!

¡Ya pasó, viejo, volvamos a la cripta, digo, a casa

—¡Viejos estúpidos! —gritó el Facha—-. ¿Creen que por esto jugaría mi prestigio? ¿Por esta momia? ¡Se regaló, viejo, se rifó! No seguí por temor a que se le desarmara la osamenta, pero no era necesario, pagó lo que le pedí y me fui, viejo, me fui, hay que tener hígado.

El primer talerazo le dejó latiendo un ojo. Los siguientes lo hicieron aullar. La barra había desaparecido.

—Dejalo, Vicente —la mujer se acercó a su esposo—-. Él no tiene la culpa de mis estupideces. Vamos a casa. Te dejo todo ordenado, comida para unos días, ropa limpia. Ya preparé mi valijita, imagino que no me aguantarás ni un momento.

—¡Dejalo un carajo! Si no es por vos la paliza, es por mí ¿Ves en la vidriera, me ves con el talero? Soy yo, Vicente, defendiendo su honor y el de la vieja loca que le tocó en suerte o desgracia, el otro, el Vicente cobardón, ahogado en autocompasión desapareció. ¡Dejame, unos talerazos más! Después vamos a casa y desarmás la valijita y calentás la comida y comemos y me vigilás porque yo también estaba por hacer una locura con la puta de la otra cuadra, con qué decime con qué, que si seguimos así nos vamos a quedar sin ahorros, viejos chotos, vamos a ver la tele que hoy dan una con Isabel Sarli y otra con Valentino para vos.<!–
D([“mb”,”\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”line-height:200%\”\u003e \u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”text-align:right;line-height:200%\” align\u003d\”right\”\u003e\u003cb\u003e\u003ci\u003e\u003cspan style\u003d\”font-size:14pt\”\u003e© Carlos Adalberto Fernández\u003c/span\u003e\u003c/i\u003e\u003c/b\u003e\u003c/p\u003e\n\n\u003cp style\u003d\”text-align:right;line-height:200%\” align\u003d\”right\”\u003e\u003cb\u003e\u003ci\u003e\u003cspan style\u003d\”font-size:14pt\”\u003e \u003c/span\u003e\u003c/i\u003e\u003c/b\u003e\u003c/p\u003e”,1]
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© Carlos Adalberto Fernández

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